La realidad inaceptable e intolerable del castigo corporal contra niñas, niños y jóvenes

El castigo corporal es una práctica que sigue estando muy extendida en muchas escuelas alrededor del mundo. Y es inaceptable. Prestamos mucha atención a las intervenciones pedagógicas, las innovaciones tecnológicas, la provisión de dispositivos y muchos otros programas y políticas para mejorar el aprendizaje. Pero cualquier inversión educativa será irrelevante si un niño no está seguro en la escuela —y en casa—. El 30 de abril es el Día Internacional para Poner Fin al Castigo Corporal contra Niñas y Niños. Trágicamente, casi uno de cada tres países —64 de 199— no prohíbe completamente el castigo corporal en la escuela. Muchos de los países que permiten el castigo corporal se encuentran en África, Medio Oriente y Asia, y la lista también incluye algunos países ricos.

 

Castigo corporal

 

El castigo corporal, así como la falta de seguridad en la escuela y la violencia, incluyendo el acoso escolar y/o la violencia de género, afectan profundamente la capacidad de aprendizaje de los estudiantes, así como la capacidad de los docentes para enseñar. La evidencia sugiere que los estudiantes expuestos al castigo corporal tienen mayor probabilidad de adoptar conductas negativas y de retroceder académicamente en términos de aprendizaje, en comparación con sus compañeros que no fueron expuestos a estas prácticas.

En África francófona, según datos de PASEC, alrededor de un tercio de los docentes —hombres y mujeres— de sexto grado reportaron utilizar el castigo corporal en el aula. Del lado de los estudiantes, casi dos tercios de niñas, niños y jóvenes reportaron haber sido golpeados por docentes. Además, un tercio de los estudiantes declaró sentir miedo en la escuela, lo cual tuvo un efecto negativo amplio y estadísticamente significativo en su desempeño en evaluaciones de aprendizaje. Un estudio para Medio Oriente y el Norte de África sugiere que las escuelas inseguras, con prácticas disciplinarias deterioradas en el aula, reducen significativamente el desempeño de los estudiantes.

Además, el castigo corporal también es un factor asociado con el abandono escolar, el acoso escolar y otras conductas antisociales. El castigo corporal también puede afectar negativamente resultados como el bienestar social y emocional, y dejar cicatrices permanentes que afectan la productividad más adelante en la vida.

Aunque los docentes son una pieza clave en el sentido de seguridad de los estudiantes, con frecuencia no reciben la capacitación ni los recursos necesarios para la tarea extremadamente compleja de gestionar y enseñar a estudiantes con necesidades emocionales, sociales y pedagógicas diversas. Frente a estas situaciones, algunos docentes recurren —injustificadamente— al castigo corporal. No sorprende que, entre los distintos tipos de intervenciones para prevenir la violencia escolar, aquellas enfocadas en brindar a los docentes habilidades para mejorar sus relaciones con los estudiantes y gestionar sus comportamientos hayan mostrado los resultados más sólidos y confiables en términos de reducir conductas disruptivas y agresivas en el aula, mejorar los resultados de aprendizaje y fortalecer conductas prosociales más adelante en la vida.

Brindar a los docentes oportunidades de desarrollo profesional adaptadas, prácticas y permanentes, enfocadas en mejorar sus habilidades de manejo del aula, refuerzo positivo e interacción docente-estudiante, es clave para mejorar las interacciones entre docentes y estudiantes y el ambiente del aula. A través de la práctica y el modelado, docentes y estudiantes pueden aprender nuevas habilidades para la interacción social, el bienestar emocional y el aprendizaje, de modo que se eviten medidas extremas como el castigo corporal o cualquier otra forma de conducta violenta.

También se ha demostrado que las capacitaciones sociales y emocionales son efectivas para mejorar las conductas prosociales y los resultados de aprendizaje de los estudiantes. Un metaanálisis de las intervenciones de manejo del aula más efectivas para mejorar las habilidades académicas y socioemocionales de los estudiantes, así como su comportamiento general, destaca los beneficios de estos programas de aprendizaje. Además, la investigación muestra que el aprendizaje experiencial y las técnicas de aprendizaje colaborativo también mejoran el rendimiento de los estudiantes, sus relaciones y la percepción que tienen de sí mismos. El manual de la OMS sobre prevención de la violencia escolar ofrece recursos útiles sobre disciplina positiva para docentes y escuelas.

Es importante recordar que las vidas de docentes y estudiantes están interconectadas. Forman parte de un ecosistema escolar condicionado por recursos, capacidades y arreglos institucionales limitados. Por ello, es necesario contextualizar las intervenciones y realizar un análisis crítico de las distintas variables que influyen en el comportamiento de docentes y estudiantes.

 

Un aula

 

Un programa que ha tenido éxito en reducir la violencia en escuelas primarias, incluyendo el castigo corporal, es el Good School Toolkit en Uganda. El programa proporciona técnicas de cambio de comportamiento. Se enfoca en el establecimiento de metas, la disciplina positiva, la empatía y la reflexión, junto con la práctica de nuevas habilidades de comportamiento entre docentes y personal escolar. Una evaluación sugiere que, después de 18 meses de implementación, la herramienta redujo en un 42% el riesgo de violencia física ejercida por docentes y personal escolar contra estudiantes; redujo a la mitad el número de docentes que reportaron utilizar violencia física contra estudiantes; y mejoró los sentimientos de conexión de los estudiantes, su bienestar y su sentido de seguridad y pertenencia a la escuela.

Programas como este suelen considerarse enfoques de “escuela completa” para prevenir y reducir la violencia escolar, destacando que múltiples actores tienen un papel que desempeñar en la prevención de la violencia. El clima escolar puede transformarse cuando docentes, estudiantes y la comunidad escolar trabajan juntos para fortalecer el respeto y la confianza, y cuando reconocen que el castigo corporal no solo es contraproducente, sino que afecta negativamente el aprendizaje y el bienestar de niñas y niños.

Promover escuelas seguras es una parte integral del enfoque del Banco Mundial para mejorar el aprendizaje —Pilar 4—, el cual se centra en apoyar escuelas seguras e inclusivas, asegurando que cuenten con la infraestructura, los recursos humanos, las políticas y las normas necesarias para permitir que todos los niños aprendan en un entorno acogedor, libre de discriminación, violencia, acoso escolar y, por supuesto, castigo corporal. El Banco Mundial y la Alianza Global para Poner Fin a la Violencia contra los Niños están finalizando actualmente un estudio de “caso de inversión” para políticas y programas orientados a poner fin a la violencia en la escuela, que se espera sea publicado más adelante este año.

El Banco Mundial también apoya a los países en el desarrollo de legislación para fomentar escuelas seguras e inclusivas, así como en el análisis y modificación de sus marcos legales existentes para desarrollar una prohibición universal del castigo corporal. Estamos listos para apoyar a los países en la implementación de medidas para cambiar normas sociales profundamente arraigadas y fomentar un clima escolar positivo y un aprendizaje seguro, involucrando a niñas, niños, padres, madres, educadores y comunidades.

Las escuelas deben ser seguras, lo que requiere un enfoque de escuela completa y más allá de la escuela, que prevenga y aborde la violencia y el abuso. Todas las formas de violencia contra niñas y niños, incluido el castigo corporal en la escuela, deben estar prohibidas para establecer estándares claros para todos. Pero no se trata principalmente de legislación y su aplicación. Se trata de cambiar mentalidades con urgencia. Niñas, niños y jóvenes necesitan sentirse respetados, valorados, seguros y felices en la escuela. Ese es probablemente el objetivo más importante de la experiencia educativa. Si una niña, niño o joven no se siente bienvenido, no tiene sentido de pertenencia y no se siente feliz y seguro en una institución educativa, ni siquiera la pedagogía correcta, la tecnología más avanzada o los mejores espacios de aprendizaje conducirán al aprendizaje. El castigo corporal es inaceptable e intolerable. Y también es un obstáculo importante para el aprendizaje. Un desafío clave para el desarrollo es detenerlo.

 

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