
Escrito por Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación, UNESCO; Antara Ganguli, Directora del Secretariado de UNGEI; Chloë Fèvre, Directora de Safe to Learn; James O’Higgins Norman, Cátedra UNESCO sobre Acoso y Ciberacoso, Dublin City University
El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, dijo en la Cumbre sobre la Transformación de la Educación: “Las escuelas del futuro deben ser más inclusivas, seguras, saludables y estimulantes… La violencia, el acoso y el bullying son demasiado comunes. Todo esto socava nuestro esfuerzo colectivo por construir sociedades tolerantes e inclusivas, en las que aprendamos a respetar y valorar nuestra diversidad cultural y humana”.
En este contexto, UNESCO, en el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el Ciberacoso, de 2022, publica nuevos datos sobre el papel de los docentes para hacer que las escuelas sean seguras para todos los estudiantes. Los hallazgos provienen de una encuesta global en línea con respuestas de 147 países y de conversaciones con docentes en Nepal, Tanzania, Tailandia y Zambia, así como de un segundo estudio que utiliza datos del programa Connect with Respect en Tailandia, Timor-Leste, Zambia, Eswatini y Tanzania.
Cuatro de cada cinco docentes consideran que es su responsabilidad abordar el problema de la violencia en las escuelas y creen tener las habilidades para enfrentarlo. Sin embargo, muchos aún carecen de una comprensión clara sobre la violencia escolar y admiten no intervenir cuando la presencian, según las encuestas. Por ejemplo, uno de cada cuatro docentes encuestados no reconoció actos como el acoso, los golpes y los comentarios sexuales realizados en línea o fuera de línea como actos de violencia. Comprender qué es la violencia y cómo puede afectar a las víctimas, a los testigos e incluso a los agresores es un primer paso fundamental para poner fin a la violencia en las escuelas.
El informe técnico de UNESCO hace dos recomendaciones principales para ayudar a empoderar a los docentes en la prevención y respuesta ante la violencia en las escuelas: capacitación integral y continua, y un sólido apoyo institucional. Estas recomendaciones también son planteadas por Filbert Baguma, Secretario General del Sindicato de Docentes de Uganda, en un ensayo sobre soluciones lideradas por docentes para poner fin a la violencia en las escuelas, como parte de una colección de Safe to Learn.
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Los docentes están en el centro de la solución para poner fin a la violencia dentro y alrededor de las escuelas, y necesitan responder de manera efectiva, en el momento adecuado y con la intención correcta. Por ejemplo, un programa coliderado por Education International, Gender at Work y UNGEI en siete países africanos creó espacios para que más de 1,300 integrantes de sindicatos educativos cuestionaran las normas sociales y de género profundamente arraigadas que perpetúan este tipo de violencia. El programa produjo acciones transformadoras concretas lideradas por docentes, por ejemplo, mediante nuevos mecanismos y medidas dentro de los sindicatos docentes, la gestión escolar y las comunidades para poner fin a la violencia de género dentro y alrededor de las escuelas.
Sin embargo, los docentes también se ven afectados por la violencia escolar. Tres de cada cinco docentes encuestados afirman que la violencia en el aula afecta su práctica docente, motivación y satisfacción laboral.
Según el informe técnico, tres de cada cuatro docentes pueden identificar la violencia física y sexual, pero tienen menos probabilidades de reconocer algunas formas de violencia psicológica. En algunos contextos, los docentes tienen menos probabilidades de reconocer la violencia física perpetrada por docentes que la violencia entre estudiantes, lo que sugiere que algunos docentes justifican y normalizan estas acciones como medidas disciplinarias o de manejo del aula.
Con frecuencia, los docentes no se dan cuenta de que ciertos grupos de estudiantes tienen mayor riesgo de experimentar violencia escolar que otros, como niñas, niños y adolescentes de contextos minoritarios, aquellos que tienen una discapacidad o quienes se identifican o son percibidos como lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, queer o intersexuales (LGBTQI).
Todas las formas de violencia están arraigadas en la desigualdad estructural, incluido el patriarcado. Muchos docentes enseñan de manera integral a sus estudiantes valores como la tolerancia, la inclusión y el respeto por la diversidad, los derechos de la niñez, el reconocimiento y la prevención de situaciones inseguras, la búsqueda de ayuda y el reconocimiento de relaciones abusivas. Sin embargo, menos de la mitad reportó enseñar de forma integral cómo las normas sociales sobre etnicidad, religión y género influyen en el comportamiento, así como cómo protegerse del acoso en línea.
Los docentes no son los únicos responsables de abordar la violencia escolar y, a menudo, sus acciones se ven limitadas por la disponibilidad de planes de estudio y capacitación pertinentes, así como por las actitudes hacia la violencia dentro de las comunidades en las que trabajan. Muchos enfrentan barreras que les impiden abordar plenamente el problema de la violencia escolar; esto suele deberse a diferentes expectativas entre el hogar, la escuela y la comunidad, o a prácticas tradicionales y actitudes sociales o parentales.
Para apoyar a los docentes en la creación de entornos de aprendizaje seguros, necesitan mejor capacitación, marcos legales y de política pública, así como políticas y códigos de conducta a nivel escolar. El docente Felipe Vivanco, de Chile, dijo: “la formación desde el nivel de pregrado, desde la universidad donde se forman como docentes, es muy importante”. En Irlanda, la docente Carolyn Marren señaló: “Hay que tener una cultura que acepte el hecho de que el acoso ocurre; y se necesita el apoyo de la gestión intermedia”.
Alrededor de 732 millones —1 de cada 2— niñas, niños y adolescentes en edad escolar, entre 6 y 17 años, viven en países donde el castigo corporal en la escuela no está completamente prohibido. La prohibición total del castigo corporal es fundamental, al igual que el apoyo continuo y firme de la dirección escolar y de sus propias estructuras institucionales, incluidos los sindicatos.
Aunque la violencia escolar es un problema en todos los países, sus manifestaciones específicas están fuertemente influenciadas por normas, actitudes y comportamientos profundamente arraigados en la sociedad que rodea a la escuela y que se reflejan en ella. Los patrones de violencia escolar reflejan normas sociales y de género inequitativas más amplias, así como dinámicas de poder, como las desigualdades entre hombres y mujeres o entre adultos y niños.
Poner fin a todas las formas de violencia escolar, para que los estudiantes puedan aprender libremente y desarrollar todo su potencial, solo puede lograrse si la escuela, la comunidad y el gobierno trabajan juntos. Los docentes son una parte fundamental de este enfoque integral y son clave para construir un entorno de aprendizaje positivo y de apoyo.
El docente Rowan Coffey, de Irlanda, dijo que la escuela debe trabajar con toda la comunidad, “y no solo con todos los docentes, sino con todos los actores de la escuela. Necesitamos sumar a nuestros estudiantes, para que sean proactivos en términos de prevención del acoso, a los padres, al consejo directivo, a todos los actores. Necesitamos el compromiso de todos”. El enfoque integral de toda la educación, promovido por UNESCO y sus socios, significa que las escuelas, las comunidades, los gobiernos, los medios de comunicación y el sector privado trabajan juntos para ofrecer servicios y actividades integradas orientadas a hacer que las escuelas sean más seguras, más amigables para la niñez y sensibles al género.
A través del programa Connect with Respect, implementado por UNESCO y sus socios en 7 países, los docentes no solo aprendieron cómo promover mejores relaciones entre estudiantes y fortalecer el pensamiento crítico sobre temas como la desigualdad de género o el uso de la violencia, sino que también pudieron guiar a los estudiantes para que tomaran acción por sí mismos mediante iniciativas lideradas por estudiantes y enfoques entre pares. Los docentes también reportaron estar mejor preparados para reconocer y responder a incidentes de violencia y conectar a los estudiantes con servicios de derivación cuando fuera necesario.
Los docentes también pueden ofrecer un vínculo importante entre la escuela y la comunidad a través de su relación con los padres. Finalmente, mediante su enseñanza y su participación en la construcción de un entorno seguro, los docentes también pueden generar evidencia y evaluar qué funciona a nivel escolar.
Con el apoyo, la capacitación y el liderazgo adecuados, los docentes pueden ayudar a construir una educación verdaderamente transformadora. Pueden desempeñar un papel clave para hacer de las escuelas un lugar más seguro para los estudiantes y estar al frente de los esfuerzos para prevenir y responder a todas las formas de violencia escolar. Este será un tema central del diálogo en un seminario de alto nivel organizado por UNESCO el 3 de noviembre, y animamos a las personas a unirse a la conversación y ayudar a habilitar y empoderar a los docentes para poner fin a la violencia en las escuelas desde hoy.
Fuente original: World Education Blog



